En casi un año, la máxima entidad del deporte peruano ha tenido seis presidentes, el avance ha sido escaso y los deportistas y las federaciones se sienten abandonadas. ¿Hay posibilidades de cambio? El panorama parece bastante incierto.

La organización deportiva nacional es un fiel reflejo de lo que pasa en la sociedad peruana. Agendas propias, intereses particulares, poca capacidad de gestión hacen que el deporte en esencia y los deportistas, principalmente, sean “solo” buenos para la foto, pero no para “trabajar en pro de ellos” y asegurar su participación en los torneos fundamentales.

El más reciente cambio en el timón del IPD, el sexto en 13 meses, deja un saldo por demás triste. Un presidente (con los cambios que eso implica en las distintas direcciones y los mandos medios) cada dos meses y medio. Ese es el reflejo de lo que el deporte realmente le importa a los políticos.

A ocho meses de los Juegos Panamericanos y ParaPanamericanos, ninguna Federación Deportiva o Asociación ha recibido aún la subvención o la partida económica para echar a andar su maquinaria 2023. El programa -anunciado a la interna por el IPD- solo incluye a los priorizados. Es decir, a aquellos que si tienen posibilidades reales de alcanzar una medalla.  Solo a ellos. Los posibles finalistas no.

Los que se han ganado o se ganarán su derecho a competir, pero no tienen opción real de subir a un podio versus Estados Unidos, Canadá, Argentina, Chile, Brasil, Colombia y los demás países del área… tendrán que bailar con su propio pañuelo, pues se sabe que el 70% de las federaciones no tienen capacidad para gestionar el dinero y mandar delegaciones completas.

A un año y cinco meses de los Juegos Olímpicos y a un año y siete meses de los Paralímpicos, el deporte peruano marcha embarrado bajo los problemas del fútbol que, tal parece, sigue siendo la “madre del cordero” al momento de determinar los cambios en la jefatura del IPD, apuntando a que si se hace o no el Mundial Sub 17, que obliga a manejar varios millones de presupuesto y a adjudicaciones directas, para poder cumplir con los plazos.

El Mundial de Atletismo U20 anunciado con bombos y platillos para agosto del 2024, podría quedar como un mal recuerdo, pues se rumorea en los pasillos de la Videna que Perú estaría a una llamada de renunciar a su organización.

La continuidad en los cargos no asegura una buena gestión. Basta revisar lo que pasa en algunas federaciones, pero hace suponer que el trabajo puede ser continuo. Legado, la entidad encargada de administrar las sedes construidas para Lima 2019, también ha tenido seis directores en el mismo período.

En este proceso, las únicas entidades que tienen estabilidad son las del Comité Olímpico Peruano y la Asociación Nacional Paralímpica. Y sus resultados sobresalen, aún cuando no cuentan con ingresos directos.

Esperamos que, de una buena vez, el deporte reciba el respeto que merece y que todos exigimos.

DIARIO RÉCORD PERÚ

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